En apenas una semana, la erupción del volcán de La Palma cumplirá un mes. Durante este período hemos observado cómo la lava es capaz de devorar municipios, crear tierra nueva sobre el mar e, incluso, fenómenos extraños como ondas y relámpagos en la parte más alta del volcán. Sin embargo, esta estructura sigue sin recibir un nombre propio y, por eso, lo conocemos simplemente como volcán de La Palma o Cumbre Vieja —que es el parque natural en el que se encuentra—.

Por esta razón, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha propuesto bautizar al volcán como Tajogaite. Así es como los aborígenes de la isla de La Palma, los benahoaritas, conocían el terreno en el cuál ha irrumpido la erupción magmática. De todas formas, el Involcan recuerda que la decisión final de nombrar al volcán sería de los habitantes de esta isla canaria.

Si se decide usar este nombre, se haría referencia a esta erupción con él: al igual que la erupción de La Palma de 1971 se conoce como la del Teneguía o como la del Tagoro a la que tuvo lugar de manera submarina en la isla de El Hierro hace justo 10 años. Precisamente, el Involcan ha sugerido este nuevo nombre para el volcán de La Palma con motivo de este aniversario. Si bien la erupción del Tagoro tuvo lugar el 10 de octubre de 2011, el día 12 fue cuando se produjo la observación más clara del fenómeno.

Nombres guanches

Según recoge la página web de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc), el nombre de Tajogaite aparece en varias ocasiones en los registros locales históricos de la isla con diferentes variantes como Tagojaite o Taguajaite. Tal y como recoge esta institución, se trata de un nombre que comparte la estructura de los que ponían los guanches —los aborígenes de la isla de Tenerife—, una población con la que los benahoaritas también compartían orígenes.Qué son los misteriosos relámpagos que han aparecido sobre el volcán de La Palma Paolo Fava. El fenómeno se conoce como «rayo volcánico» y es una reacción física que se produce en el «ambiente hostil» del penacho volcánico.

Mientras que Tagoja parece hacer referencia a un topónimo —el nombre propio de un lugar—, la Ulpgc explica que el resto del nombre puede proceder de la palabra gaite: «En Tenerife, la palabra gaite significa ‘la torta’, pues la expresión gaites de haran refería a la torta de harina de las raíces de helecho, y que la expresión gaite de tofe era lo mismo que ‘tortas de tieso’, es decir, la de gofio escaldado y después torrefactas».

Las palabras de origen guanche son muy frecuentes en la geografía canaria y, de hecho, otros volcanes populares de las islas lo llevan. Este es el caso del Timanfaya —que significa montaña de fuego— en Lanzarote o el icónico Teide —que algunos estudios apuntan a que su nombre significa infierno— en la isla de Tenerife. De hecho, la Ulpgc explica que una forma de construcción de palabras típicamente guanche comienza por la letra te y algunas, como en el caso de Tajogaite, también terminan por esta letra. 

Erupciones históricas

Los benahoaritas, el pueblo que hacía uso de la palabra y que habitó la isla de La Palma antes que los españoles, fueron una población y una cultura que se encuentra ahora desaparecida. Su orígen, como el de los guanches de la isla de Tenerife, se encuentra relacionado con las tribus bereberes del norte del continente africano. Según este documento del Museo Arqueológico Benahoarita de La Palma, esta cultura perduró durante, aproximadamente, 1.500 años, hasta la llegada de los castellanos en el siglo XV.

En las islas Canarias se han producido 17 erupciones históricas que han quedado registradas. La última que se produjo antes de la erupción de la actual de La Palma tuvo lugar en la isla de El Hierro bajo el mar. Esta erupción se prolongó durante 145 días y se convirtió, de esta manera, en la segunda más larga de la historia de las islas. Algunos usuarios de las redes sociales han preguntado a Involcan por qué ha celebrado esta efeméride.

Involcan:

«Sin esta actividad volcánica no se hubiera construido Canarias y, por consiguiente, no hubiera existido la sociedad canaria. Por otro lado, somos conscientes que la actividad volcánica puede ser una fuente de destrucción, especialmente para las comunidades que viven en las cercanías de un proceso eruptivo, pero los intervalos de tiempo en los que actividad volcánica pudiera ser una fuente de destrucción es mucho menor que los intervalos de tiempo en los que la actividad volcánica actúa como una fuente de construcción, contribuyendo al desarrollo socio-económico de las comunidades que habitan en territorios volcánicos».

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