1. El plan de vacunación sería hasta 2023

Según Jaramillo, que formó parte del grupo que diseñó la estrategia mundial contra la malaria y dirigió el fondo global para la lucha contra el sida y la tuberculosis, “mucho de lo que se está diciendo sobre la vacuna es pensar con el deseo”. Su pronóstico, basado en un estudio del Center for Global Development publicado la semana pasada, es que lo más realista es que no haya un plan de vacunación global contra el coronavirus sino hasta el 2023. “Para 2022 lo que se puede esperar es vacunar al personal de salud, a los mayores de 65 años y a las personas con comorbilidades”, explica.

Su proyección se basa en que aunque se anuncie una vacuna a finales de este año o el año entrante, hay varios procesos logísticos y médicos que podrían retrasar su aplicación masiva. Uno de ellos es que, como sería una vacuna aprobada en régimen de emergencia, la seguirían estudiando por un periodo adicional y en el momento en el que haya un tropiezo, se cancelarían los permisos. El otro es que los procesos de fabricación masiva y distribución tomarían bastante tiempo, mucho más de lo que se considera.

El presidente Duque en una declaración este sábado fue mucho más optimista respecto a cuándo llegará la vacuna. “Hace aproximadamente unos seis meses había personas que decían que la vacuna va a estar a finales de año. Obviamente hay mucha especulación porque en el mundo hay 200 proyectos de desarrollo de vacunas”, dijo. El primer mandatario recordó los pronósticos que han hecho los organismos internacionales, como la OMS y la OPS, que hablan de una posible vacuna a mediados del año 2021. Aseguró que, de todas formas, el país debe prepararse para poder vivir una nueva normalidad mientras eso pasa.

La Organización Panamericana de la Salud ha dado fechas sobre la posible aparición de la vacuna. “Actualmente, hay alrededor de 200 vacunas experimentales en alguna fase de desarrollo. Entre 8 y 9 están en la fase III de los ensayos clínicos o entrando a esta fase. Esperamos que las dosis empiecen a llegar a los países a mediados del 2021”, señaló recientemente.

2. Esta será la generación del tapabocas y del autocuidado.

Volver a la normalidad, según Jaramillo, no dependerá de la vacuna sino de “nosotros, identificando riesgos individuales y respetando las medidas de bioseguridad en nuestras rutinas diarias”. Ese proceso, que ya habría comenzado con la reapertura de la economía, hará que esta generación sea la generación del tapabocas y del autocuidado, así como en los sesenta apareció la generación del cinturón de seguridad.

Él explica su postura: “Al principio parecía raro tener que amarrarse (el cinturón de seguridad). Hoy todo el mundo lo usa sin pensarlo. En los años ochenta, cuando llegó el sida, apareció la generación del preservativo, cuyo uso creció de manera exponencial. Y ahora en el siglo XXI tenemos la generación del ‘conductor elegido’, es decir, la nueva norma de que el que maneja un vehículo debe hacerlo sin un solo trago. Eso tampoco existía, y ahora todo el mundo lo practica”.

En ese sentido, según él, en un futuro cercano no será raro que la gente aplique de forma automática y masiva el distanciamiento social, el lavado de manos y el uso cotidiano del tapabocas.

3. Las primeras vacunas no serán 100 por ciento eficaces.

Aunque ninguna vacuna alcanza nunca el 100 por ciento de eficacia, lo ideal es que esa cifra se acerque. Sin embargo, Jaramillo cree que es muy difícil que las vacunas que actualmente se están probando tengan una cifra similar en el corto plazo. “Es de esperarse que las primeras vacunas tengan una eficacia del orden del 50 a 70 por ciento, esto no es lo ideal, pero sí parcialmente útil”, explica. También dice que esa cifra irá mejorando con el paso del tiempo.

4. La importancia de los medicamentos para tratar el virus.

Además de la vacuna y de las estrategias de autocuidado, que Jaramillo considera las más importantes para luchar contra el virus, el otro elemento que será clave en el corto plazo serán los medicamentos para tratar la covid-19. “La malaria se está combatiendo hoy con un remedio y unos toldillos; el sida, con los retrovirales, pues no hay vacuna; la tuberculosis tampoco tiene vacuna y solo se combate con remedios”, explica. En ese sentido, él cree que los remedios deberían ser tan prioritarios como la vacuna.

Su panorama para los próximos años, de hecho, es la combinación de las tres cosas: “Va a ser necesario mantener los cambios de hábito que hoy se comienzan a practicar, tomar remedios y también ponerse la vacuna”.

5. Aplicar y distribuir la vacuna de forma masiva no será fácil.

Se tiende a pensar que una vez aparezca una vacuna, al día siguiente esta se estaría aplicando en todos los rincones del mundo y no hay nada más alejado de la realidad. De hecho, uno de los grandes desafíos será garantizar la compra, la aprobación local de las vacunas, la distribución y la logística de la vacunación, algo que no será tan sencillo.

En lo que respecta al gobierno, hay dos retos realmente complejos: establecer una relación de confianza con la población para que se quiera vacunar e implementar una buena estrategia de vacunación. Hay que pensar, primero, en cómo garantizar que la vacuna llegue a todas las personas de la tercera edad. Lo cual no es fácil, porque “la experiencia está en vacunar niños, a quienes las mamás llevan a los centros de vacunación”.

La última etapa, además, será un reto logístico. “Piensen lo que va a ser eso: entrenar a los miles de personas que van a poner las vacunas, transportarlas hasta los lugares más recónditos del país y buscar llegar hasta el último colombiano. Hasta que no salga la vacuna no sabremos a qué temperatura hay que trabajarla y conservarla. Esa cifra podría llegar a los -80 grados centígrados. Piensen en los refrigeradores que se necesitarán para mantener esa cadena de frío y aplicar 50 millones de vacunas. Y cuando los tengamos habrá otro riesgo. Las vacunas iniciales son inestables y su vida fuera del refrigerador es muy baja. En dos o tres semanas podrían dejar de servir”.

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